Libros de estilo

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Los libros de estilo –para velar por la precisión y rigor del lenguaje informativo– son una tradición arraigada en el periodismo anglosajón de calidad. Cualquier diario británico o estadounidense que se precie tiene su propio protocolo normativo –hasta hace poco de régimen interno y semi-secreto– donde se mezclan la sintaxis, el “espíritu de la casa”, la ética profesional y la búsqueda de la excelencia. Pionero de esta práctica en España fue El País, al año y medio de su fundación (1977). Pero sus antecedentes en nuestra lengua se remontan a Las Normas Generales de Redacción de la revista Selecciones, publicadas en La Habana el mismo año de la Revolución (1959); y al Manual de Estilo de la Agencia EFE, de 1975. Otros grandes diarios, como La Vanguardia y ABC siguieron su ejemplo.

En Muy Interesante hemos abordado la tarea en docenas de ocasiones… sin concluirla jamás: cuadernos perdidos, anotaciones sueltas y avisos pinchados en los corchos de la redacción dan fe de un empeño formalista que siempre se queda en afán,  superado por los giros del idioma, las prisas y la incorporación de nuevos colaboradores. Todavía hoy los editores noveles preguntan a gritos a los veteranos si es el título de una película lo que va entre comillas… ¿y entonces el nombre de un barco, en cursiva?

Coincidiendo con la apertura al público del Manual de Estilo del Times de Londres, Julio Alonso recopilaba en su blog Visión algunos medios nacionales e internacionales que han colgado en la red sus pautas formales y estilísticas (muy recomendable la Style Guide de The Economist, esa revista excelsamente escrita donde ningún autor firma sus artículos).

El único problema que plantean algunos de estos compendios estilísticos es que, en demasiadas ocasiones, más parecen declaraciones de buenas intenciones que pautas de actuación profesional. O sea, que casi nunca se cumplen.

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2 comentarios en “Libros de estilo”

  1. felixbahon Says:

    Es cierto que nos suele atacar el “síndrome de la enciclopedia” con esto de los manuales. Dicen los psicólogos que a muchos tener una en la biblioteca les da la sensación de poseer de algún modo todo el conocimiento que encierra. En algunos medios es muy patente. Y no hay que señalar a nadie. Una mera declaración de intenciones, como bien dices.

    Lo malo es que con los manuales se da otra circunstancia curiosa. Se utilizan como diccionarios, cuando esa no es su labor. Como mucho, sí sirven para unificar el estilo y ciertas normas de uso para la publicación. Por eso cada medio puede tener un manual propio, muy diferente del de cualquier otro.

    El diccionario debería ser el mismo para todos los hablantes de una lengua. Y de eso no se ocupan los medios, sino la Academia.


  2. […] como sea, me he quedado con una frase de Pardina al respecto: Muy recomendable la Style Guide de The Economist, esa revista excelsamente escrita donde ningún […]


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