¿Qué libro cambió su forma de pensar y en qué sentido lo hizo?
Casi cada libro que leo confronta y cambia mi forma de pensar. El último, Hitch-22 –las memorias del gran Christopher Hitchens–, me ha enseñado mucho sobre cómo se producen los cambios en la forma de pensar que experimentamos a lo largo de nuestra vida: no hay repentinas “caídas del caballo” sino largos “caminos de Damasco”; sutiles adaptaciones a la realidad puntuadas por algunos hechos concretos más o menos memorables, aunque sólo para el caminante que se atreve a apearse del burro.
Y esto es un avance del nuevo Muy Historia, lleno de mentiras y mentirosos.
En el quiosco, a partir del 29 de octubre.
Con artículos de Antonio Muñoz Molina, Luis Alfonso Gámez, Ana Ormaechea, José Ángel Martos, Fernando Cohnen, Alberto Porlan, Janire Rámila, Vicente Fernández de Bobadilla, Ignacio Marina y Amelia Díe.
Así trabajan algunos periodistas que cubren asuntos relacionados con la actualidad científica.
Encontré la tira el otro día, mientras preparaba una clase para los alumnos del taller de periodismo científico de la Universidad Rey Juan Carlos, dirigido por Pablo Francescutti e Ignacio Fernández Bayo.
La descubrí en el siempre interesante webcomicSMBC (Saturday Morning Breakfast Cereal), del californiano Zach Weiner.
¿Qué periodista no ha mantenido alguna vez este diálogo absurdo con el responsable de comunicación o relaciones públicas de alguna empresa de internet que está preparando el lanzamiento de un nuevo y, sobre todo, revolucionario producto?
La breve conversación se desarrolla en un inglés robotizado, por lo que puede seguirse con suma facilidad.
Otra vez Macboy contra Don PC. Con ocasión del reciente lanzamiento mundial de Windows 7 –el nuevo sistema operativo de Microsoft–, la empresa rival por excelencia, Apple, ha resucitado sus famosos contra-anuncios.
“Han desaparecido los problemas de los anteriores sistemas, confía en mí”, le dice a Maquito el oficinista reclacitrante, disfrazado ahora de chico cool. Pero nuestro héroe ya había escuchado antes esas promesas. Y no se las cree. Broken Promises.
Todo un clásico ya. Con sus parodias e incluso videojuegos online protagonizados por Bill Gates y Steve Jobs.
Directores de revistas y art directors siempre han tenido teorías extravagantes e ideas fijas (¡y raras!) sobre lo que hace funcionar la portada de una publicación impresa.
“Lo redondo vende” solía decir uno de mis primeros jefes. En consecuencia, periódicamente llenábamos la cubierta de soles y lunas, esferas, planetas, meteoritos, asteroides, globos o pelotas. Viniera o no a cuento.
“Más vale mujer que hombre, joven que mayor, sonriente que seria” era el mantra de otro maestro, cuyas palabras repetía yo como un lorito; hasta que los cachondos del Departamento de maquetación, hartos de oirlo, me presentaron su boceto de portada para un monográfico de Muy Historia sobre la América precolombina: era la imagen sonriente, y mirando a cámara, de una joven azteca… momificada seis siglos atrás!
Descubro ahora, gracias a internet y a la Quinta Tinta de Diego Areso, la prueba de lo que en mis años de estudiante sólo consideré como una leyenda urbana del oficio. En 1977, la revista satírica National Lampoon, fiel a su estilo, convertía en jocosa realidad otra de estas consignas lapidarias, atribuida en este caso al insigne William Randolph Hearst. Según el Ciudadano Kane, ésta era la fórmula de la portada perfecta: “Dadme una portada con una mujer guapa, un perro o un bebé y os daré una revista que vende”.
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