
El lector… ¿quién es el lector? Sin resolver ese interrogante después de algunas centurias hemos de afrontar ahora una indagación sobre el usuario. 20 millones de usuarios, presumen los usados. Se sabe poco. Por lo pronto es un tipo que se deja ir dulcemente por el scroll de las páginas y que en la abrumadora mayoría de los casos no pincha jamás en el desarrollo de las noticias y mucho menos en los links asociados. El misterio dramático es qué negocio en tierra firme puede hacerse con tal navegante, tablas de surf, aparte. Se lo preguntaba retóricamente el director del periódico digital más leído en español: «¿Cómo es posible que 21 millones de usuarios [que son los que tiene elmundo.es] no nos den para vivir bien?» Un usuario [único] es una dirección IP desde la que en un determinado momento se accede a la dirección elmundo.es o alguna dirección asociada. Sobre lo que sea, además, esa IP, si detrás de ella hay un ser viviente o dos o doce, y en especial sobre lo que haga, las averiguaciones, ya digo, son mucho más imprecisas. Frente al usuario está el millón y medio de usuarios de la edición impresa. ¡Usuarios!. Nadie debería insultarlos de este modo. Se trata de un millón y medio de lectores. En español tenemos un azar ortográfico que permite distinguirlos. No es lo mismo ojear que hojear. No es sólo una distinción física. El usuario resbala durante segundos por la home. El lector necesita algunos minutos, aunque sólo sea para pasar las páginas del periódico. Si en España hubiese 21 millones de hojeadores ni habría necesidad de cambiar de modelo productivo ni de presidente del Gobierno.
Interesantísimo monográfico veraniego de la revista hispano-mexicana Letras Libres, dedicado al fin de la Prensa tal y como hasta hoy la conocíamos. El texto de arriba pertenece a las Notas necrológicas de Arcadi Espada, uno de los pocos periodistas españoles capaces de re-pensar en profundidad –y con ideas propias, ojo– la crisis del periodismo contemporáneo.
Muy recomendable también el artículo introductorio del profesor de Princeton Paul Starr, Goodbye to the Age of Newspapers: Adiós a la era de los periódicos (Bienvenida una nueva era de corrupción), exquisitamente traducido de The New Republic (del 4 de marzo de 2009) por Maríanela Santoveña.














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